El hada y la reina – un cuento de cuidadoras de niños

El hada y la reina – un cuento de cuidadoras de niños

Érase una vez en un lejano país en el que habitaba una reina muy hermosa que tenía 4 hijos, 2 bebes varones mellizos de 1 año, y dos niñas de 3 y 5 años

Como podréis comprender en ese palacio, aunque fuera un palacio, con muchos servidores, ¡Había mucho trabajo!

Preparar las comidas de los niños y de los adultos, las ropas, cortinajes, metales, etc.

La reina solo se fiaba para el cuidado de sus hijos, de  las empleadas de hogar que le enviaba su hada madrina que se llamaba Blanca.

Cuando nació su primera hija, Blanca le proporcionó una cuidadora de niños experta en bebés que se llamaba María.

María se ocupó muy bien del primer vástago de los reyes, dándole mucho cariño y cuidando pacientemente de todas sus necesidades.

Pero un día la empleada de hogar María, se enamoró de uno de los guardianes del palacio, un apuesto varón, que servía a los reyes desde hacía algunos años. Era tan grande su amor que no sabían estar el uno sin el otro.

Cuando la reina se enteró de que se iban a casar su cuidadora de niños se enfadó mucho, no se lo podía creer, ¿Cómo se va a casar mi doncella y… me va a abandonar? Y llamó a su hada madrina.

Blanca acudió a la llamada de la reina y ésta le recriminó que le hubiera enviado a una doncella que ¡Ahora la abandonaba por su casamiento!

El hada madrina la consoló y le dijo que, ante eso, ella no podía hacer nada y le envío una nueva empleada de hogar llamada Elvira.

El hada y la reina - un cuento de cuidadoras de niños - Hada delante de un libro enorme de cuentosElvira, resultó ser una persona maravillosa, tanto o más que María, y los niños pronto se acostumbraron a su nueva cuidadora, así como el resto del servicio doméstico del  palacio.

Pero un día, una amiga de ella, que vivía en otra ciudad, cayó muy enferma, necesitaba cuidados continuos y Elvira decidió dejar su trabajo y marcharse a cuidar de  su amiga.

La reina volvió a enfurecerse por esta nueva situación y volvió a llamar a su hada madrina, diciéndole:

¿Pero por qué me envías a estas empleadas de hogar a palacio, con mis hijos, los príncipes, que al poco tiempo se me van?

Su hada madrina le dijo que las personas eran libres y que tomaban sus decisiones según las circunstancias de su vida y que nada, ni nadie podía impedirlo.

Y le volvió a envía a una nueva cuidadora para sus niños al palacio: Ana.

Ana, era muy despistada, aunque experta y bondadosa, venía de cuidar a otros príncipes, que ya se había hecho mayores.

Cuando llegó a palacio, el primer día, no les puso para dormir el pijama adecuado, les puso uno un poco más fino y los niños se despertaron por la noche tosiendo. Y para colmo al día siguiente, la cuidadora no recordaba lo que le había dicho la Reina que desayunaban y les puso un desayuno que ella creía adecuado, pero que a los niños no les gustaba.

La Reina la despidió recriminando, de nuevo, a su Hada Madrina sobre el comportamiento de esta cuidadora de niños.  El hada madrina, le dijo que tenía que haber tenido un poco de paciencia que hay personas que necesitan mayor tiempo de adaptación al palacio,

Julia, la siguiente candidata, se quedó un año pero luego se accidentó y tuvo que guardar reposo varios meses, con lo que el hada madrina tuvo que buscar una nueva empleada de hogar.

Carmen  llegó cuando estaba embarazada de dos meses, ni siquiera ella lo sabía, lo supo nada más llegar a palacio, y la Reina volvió a enfadarse con el hada madrina, quien una vez más le repitió que ella no tenía la culpa de las vicisitudes de la vida de estas personas.

La Reina, al final, comprendió que los problemas que había tenido con sus cuidadora de niños, no eran culpa de su hada madrina y que nadie podía evitarlos; eran buenas personas y buenas profesionales pero la vida, por una causa o por otra, les cambiaba el camino.

Al final de sus días, cuando sus hijos ya eran muy mayores, una de las cuidadora de niños todavía permanecía en Palacio, junto con el resto del servicio doméstico. Ya era muy viejecita, no trabajaba, solo le proporcionaba compañía a su majestad.

La Reina agradecía cada día los favores que Blanca le había hecho durante toda su vida, lamentando su comportamiento inicial, injusto, pero su hada madrina le dijo: No importan las dificultades del camino, solo importa que te lleve a tu destino y eso se ha conseguido.

La vida no es como nosotros quisiéramos que fuera, la vida es como es, imprevisible, inabordable, y siempre maravillosa, si la sabemos entender.

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