Súpercentenarios: Las personas mayores más longevos del mundo

Súpercentenarios: Las personas mayores más longevos del mundo

Vivir más de un siglo sigue siendo algo extraordinario aunque cada vez más posible. Los cuidados de las personas mayores, los avances médicos, la alimentación, la sanidad, etc. están haciendo que podamos vivir más y mejor. Hoy existen en el mundo entre 350 y 400 supercentenarias, personas que superan los 110 años de edad. . Nuestra expertas en el cuidado de personas mayores del hogar te desvelarán algunos datos interesantes

La primera vez que se utilizó el término “súpercentenario” para estas personas mayores fue en los años setenta, por el editor de los Récord Guinness, Norris McWhirter y se popularizó en 1991 cuando William Strauss y Neil Hower, publicaron el libro Generations.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la esperanza de vida ha aumentado en el mundo una media de cinco años desde el año 2000. Se trata del crecimiento más grande desde la década de los 60.

España es el segundo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con la edad media de las personas mayores más alta, 83 años, solo precedida por Japón cuya media de edad es de 83,9 años. Y ambos países cuentan, por supuesto con súpercentenarios.

La ciencia todavía no ha desentrañado el misterio genético de las personas mayores supercentenarias y no encuentra variantes genéticas comunes entre ellas. Es más, no puede afirmar un estilo de vida, unos cuidados o unas pautas comunes.  La persona más longeva del mundo fue la francesa Jeanne Calment que vivió hasta los 122 años y sus costumbres no eran precisamente saludables: fumaba dos cigarrillos diarios y comía un kilo de chocolate a la semana.

Para realizar este estudio llevado a cabo por  la Universidad de Stanford, contaron con  17 personas súpercentenarias, una “pequeña muestra” para poder llegar a conclusiones definitivas y extrapolables y por ello, no llegaron a encontrar variantes genéticas comunes, particularidades frente a ciertas enfermedades. Lo que sí concluyó este informe es que solo el 19% de las personas con más de un siglo ha padecido algún tipo de cáncer frente al 49% de la población normal, que sufren menos enfermedades cardiovasculares y que el 90% de las personas mayores súpercentenarios son mujeres.

Las mujeres tienen una esperanza de vida, a cualquier edad, más elevada que los hombres.

Incluso antes de nacer un feto femenino tiene más probabilidades de nacer que uno masculino. Se calcula que se conciben 124 fetos varones por cada 100 femeninos y esto queda reducido a 105 niños nacidos por cada 100 niñas. Incluso en partos prematuros, las niñas tienen más probabilidad de sobrevivir.

En el otro extremo de la vida, las personas mayores súpercentenarias suelen ser mujeres, en concreto el 90%.

Existen diversas teorías que intentan explicar esta diferencia de longevidad entre hombres y mujeres.

Los hombres han ocupado posiciones más expuestas en la sociedad: accidentes, guerras, etc. Pero la incorporación de la mujer a esta situación de “exposición” no ha disminuido su esperanza de vida.

fotos de cerca de las manos de una persona mayor

Otra teoría es el consumo de sustancias perjudiciales como el tabaco y el alcohol. Un estudio publicado por la revista Tobacco Control, señala al tabaco como responsable de las diferencias de expectativa de vida entre hombres y mujeres. Según este estudio, el tabaco sería responsable de entre un 40 y un 60% de la diferencia esperanza de vida  entre hombres y mujeres, y el alcohol de entre un 10 y un 30%, dependiendo del país.

Destacan la menor diferencia entre expectativas de vida de las personas mayores en los países del norte de Europa por el consumo de dichas sustancias entre mujeres. De modo que las distancias tenderán a disminuir sensiblemente en los próximos años.

Todos estos estudios y las más recientes investigaciones se están centrando en encontrar maneras de modificar las variantes negativas para alcanzar una mayor longevidad pero hasta que lo logremos, solo nos queda cuidarnos y envidiar, un poquito, a los que guardan el secreto de los genes súpercentenarios.

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